Mientras el crepúsculo se asentaba alrededor de las antiguas piedras, Polly y Amir buscaban incansablemente la entrada de la tumba. Las arenas del desierto se desplazaban de manera impredecible bajo sus pies, ocultando cualquier indicio de una puerta. La frustración comenzaba a carcomer a Amir.
"Es como si el desierto nos estuviera jugando una mala pasada," murmuró Amir, pateando la tierra obstinada.
Polly se acercó a su lado, ofreciendo consuelo. "Recuerda lo que te enseñaron tus antepasados. El desierto es un amigo para aquellos que lo respetan."
Tomando una respiración profunda, Amir retrocedió sobre sus pasos, permitiendo que la intuición lo guiara. Finalmente, sus dedos rozaron una piedra que se sentía diferente, casi como si estuviera viva con energía.
"¡Aquí!" exclamó Amir, su voz resonando en el crepúsculo.
Juntos, empujaron contra la piedra, y con un quejido de bisagras antiguas, una puerta oculta se abrió, revelando un oscuro pasadizo que conducía al corazón de la tierra.
La emoción recorrió a Polly, pero fue atemperada por una nueva pregunta: ¿qué secretos, y quizás peligros, se escondían dentro?