Al ponerse el sol sobre Marrakech, Polly y Fatima pensaban en su viaje. Habían visto muchas maravillas ocultas en la ciudad. El mercado secreto estaba lleno de cosas coloridas y tenía un aire mágico. Les mostró historias y tradiciones de esta antigua ciudad. Fatima estaba emocionada y miró a Polly, que se posaba en su hombro. "Nunca pensé que un simple mapa nos llevaría aquí," dijo con una sonrisa. Las plumas de Polly brillaban en el atardecer. Ella asintió y dijo, "Marrakech guarda sus secretos. Los muestra a quienes buscan." Caminaron de regreso por las estrechas calles de la medina. Vieron los mercados bulliciosos, olieron las especias y escucharon los sonidos de la vida. Todo parecía más importante ahora. Cada esquina podía contar una nueva historia. Regresaron al café en la azotea donde comenzaron su aventura. Miraron la ciudad, ahora en colores de crepúsculo. Fatima se sintió cercana al lugar y susurró, "Gracias, Marrakech." Polly, siempre enseñando, dijo, "Recuerda, cada adiós es un nuevo viaje." El llamado a la oración sonó suavemente desde los minaretes. Polly se sintió feliz. Había ayudado a Fatima a ver la belleza de Marrakech. Compartieron fuertes lazos a través de sus experiencias. Polly conocía la alegría del descubrimiento. Con un último aleteo de sus alas, Polly voló hacia el cielo vespertino. Dejó atrás a una amiga y una ciudad que siempre recordaría.