Los oficiales de INTERPOL caminaron hacia ellos con pasos tranquilos y profesionales. Polly observó mientras Valentina se enderezaba, preparándose para lo que vendría después.
"¿Señor Esteban García?" La oficial principal, una mujer con cara de cansancio, habló suavemente al vendedor de quesos. "Necesitamos hablar sobre su proveedor, Antonio Mendoza."
La cara de Esteban se puso blanca. "¿Antonio? Pero ha sido mi proveedor durante quince años. Su familia hace queso desde antes de la Guerra Civil."
Valentina dio un paso adelante, sus broches de jade brillando bajo la luz. "Precisamente por eso lo eligieron," dijo en voz baja. "Las mejores mentiras se mezclan con la verdad."
Polly voló al hombro de Esteban y sintió que temblaba. La cotorra había visto muchas sorpresas en sus viajes, pero esto se sentía diferente.
"No entiendo," susurró Esteban.
La oficial le mostró una tableta con fotos de ruedas de queso y resultados de análisis. "El verdadero Antonio Mendoza murió hace dieciocho meses en un accidente de coche. Alguien tomó su identidad y mantuvo su negocio funcionando para vender productos falsos."
"Pero el sabor," dijo Esteban débilmente. "Conozco el queso manchego. Lo he comido toda mi vida."
Valentina rió con amargura. "Esa es su genialidad. Envejecen queso barato en ambientes artificiales y añaden bacterias especiales para copiar el sabor real. La mayoría de la gente no puede notar la diferencia, pero los análisis químicos muestran la verdad."
Polly se dio cuenta de que si Esteban había estado vendiendo queso falso sin saberlo, su reputación quedaría destruida.
"¿Cuánto tiempo lo has sabido?" le preguntó Polly a Valentina.
"Tres semanas," admitió. "He estado analizando productos de cada puesto que Mendoza abastece. Tomé tu queso anoche para hacer pruebas."
"Esto va más allá del queso," explicó la oficial. "Aceite de oliva, vino, jamón: es robo cultural a gran escala."
Polly estudió la cara culpable de Valentina. "No eres solo una investigadora," dijo la cotorra de repente. "Perdiste algo por culpa de estos criminales, ¿verdad?"
Valentina tocó sus broches de jade. "El olivar de mi abuela. Trescientos años de tradición, destruidos cuando aceite falso con nuestro nombre envenenó a gente en Alemania."
Ahora Polly entendía por qué Valentina había trabajado tan duro en este caso. No solo cazaba criminales: buscaba justicia para su familia.
"¿Qué pasa ahora?" preguntó Esteban en voz baja.
"Ahora," dijo la oficial, "nos ayudas a atraparlos."