Regresar a la Plaza del Casco Antiguo se convirtió en una pesadilla. Las calles que Václav conocía bien de repente no llevaban a ninguna parte. Era como si Praga misma les estuviera jugando bromas.
"Esto no puede estar bien", dijo Václav, respirando con dificultad. "Ya hemos estado en esta calle tres veces".
Polly se sentó en su hombro y sintió que las piezas de latón se calentaban mucho en la bolsa. "La alineación ha comenzado. Mira las ventanas".
Cada ventana por la que pasaban mostraba extraños patrones de estrellas en lugar de la calle. El aire a su alrededor parecía temblar con energía.
Cuando finalmente llegaron a la plaza, todo era caos. Los trabajadores de construcción estaban inmóviles mientras sus máquinas echaban chispas y se rompían. La mujer de negro también estaba allí, pero parecía confundida mientras las brújulas giraban locamente.
"¡La torre!" exclamó Václav. Toda la esfera del reloj brillaba intensamente, y sus manecillas giraban hacia atrás a través del tiempo.
Subieron corriendo las escaleras en espiral lo más rápido que pudieron. En la sala principal, los enormes engranajes se movían solos, pero en reversa. La puerta secreta estaba completamente abierta, mostrando espacios vacíos donde pertenecían las piezas de latón.
"¡Rápido!" urgió Polly, pero cuando Václav trató de poner la primera pieza de vuelta, no encajaba. El mecanismo había cambiado de alguna manera.
"No entiendo", dijo desesperadamente. "Deberían ir aquí".
"Espera". Polly notó algo nuevo. Las cartas astronómicas en la pared brillaban, mostrando texto oculto. "Tu abuelo no escondió estas piezas. Las quitó para evitar que el reloj hiciera algo terrible".
De repente, el suelo comenzó a agrietarse. Luz dorada se derramó por las grietas, y pudieron escuchar sonidos de la Praga medieval abajo. Caballos, comerciantes y cánticos extraños resonaron desde las grietas.
"El Orloj no es solo un reloj", se dio cuenta Polly con horror. "Es un portal. Y acabamos de abrirlo".