La Sombra del Corredor
🇪🇸 Spanish · CEFR C1 · Polly’s Adventure

La Sombra del Corredor

Polly arrives in Tromsø during the midnight sun and meets Astrid, a 67-year-old marathoner trying to qualify for Boston. Just before the race start, they help Mikkel, a young diabetic runner who lost his insulin, with Polly finding his medical supplies and Astrid offering to monitor him during the race.

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La línea de salida semejaba un caleidoscopio de ropa deportiva fluorescente contra el telón de fondo del crepúsculo perpetuo de Tromsø. Polly se acomodó en el hombro de Astrid, sintiendo la tensión que irradiaba de su nueva compañera mientras se abrían paso entre la multitud de casi dos mil corredores. El aire vibraba con energía nerviosa y charlas multilingües: noruego mezclándose con inglés, alemán y lo que parecía japonés.

—Pesas más de lo que aparentas —murmuró Astrid, aunque su tono denotaba más diversión que queja.

—Puro músculo —replicó Polly, ajustando su agarre—. Además, volaré en cuanto empecemos. No puedes acusarme de añadir peso innecesario a tu intento de récord personal.

Apenas se habían acomodado en su corral de salida cuando estalló una conmoción cerca. Un joven —no podía tener más de veinticinco años— rebuscaba frenéticamente en su cinturón de running, su rostro palideciendo progresivamente a pesar del sol dorado de medianoche.

—¡Mi insulina! —exclamó en inglés con acento, la voz aguda por el pánico—. No está... Sé que la empaqué, pero...

Astrid se volvió hacia él inmediatamente. —¿Tipo 1? —preguntó, su brusquedad anterior reemplazada por preocupación.

El joven asintió, su respiración volviéndose superficial. —Soy Mikkel. La revisé tres veces antes de salir del hotel, pero... —Levantó su pequeña bolsa refrigerante, conspicuamente vacía.

Polly reconoció las señales del pánico creciente: lo había visto en viajeros que habían perdido pasaportes, en niños separados de sus padres. Pero esto era diferente. Esto era médico.

—¿Cuánto tiempo desde tu última dosis? —preguntó Astrid, ya sacando su teléfono.

—Cuatro horas. Planeaba revisar los niveles en la marca de los 10K. —Las manos de Mikkel temblaron ligeramente—. No puedo correr sin ella. Mi azúcar en sangre...

—No vas a correr a ningún lado —dijo Astrid con firmeza—. Necesitamos llevarte a la carpa médica.

—¡Pero he entrenado durante meses! Mis amigos vinieron desde Oslo para verme. Yo... —Su voz se quebró.

Polly se lanzó al aire. —¿Cómo es el kit de insulina? —gritó desde arriba.

—Bolsa azul y blanca, más o menos así —gesticuló Mikkel con manos temblorosas—. Pero podría estar en cualquier lugar entre aquí y el hotel.

—¿Qué hotel?

—El Radisson Blu, pero...

Polly ya estaba en vuelo, sus poderosas alas llevándola por encima de la multitud. La belleza de Tromsø de noche —¿o era de día?— se difuminó bajo ella mientras retrató lo que imaginó podría haber sido la ruta de Mikkel. La luz perpetua era tanto bendición como maldición; aunque podía ver claramente, la uniformidad de la luz hacía más difícil detectar algo pequeño que pudiera haberse caído en la sombra.

Se zambulló bajo sobre el paseo del puerto, donde los espectadores ya se congregaban con cencerros y banderas noruegas. Nada. Pasó el mercado de pescado, sus puestos cerrados pero aún emanando el aroma punzante del mar. Aún nada.

Entonces, cerca de un banco con vista al fiordo, lo divisó: una pequeña bolsa azul y blanca, parcialmente oculta bajo un programa de maratón desechado. Alguien claramente la había pateado sin darse cuenta de su importancia.

Sujetándola cuidadosamente en sus garras, Polly corrió de vuelta hacia la línea de salida. El locutor ya comenzaba la cuenta regresiva. "Ti minutter til start! ¡Diez minutos para el inicio!"

Encontró a Astrid y Mikkel cerca de la carpa médica, donde un oficial de la carrera argumentaba que sin autorización médica apropiada, no se le podía permitir correr.

—¡Entrega de insulina! —anunció Polly, dejando caer la bolsa en las manos extendidas de Mikkel.

El alivio del joven fue palpable. Inmediatamente revisó el contenido, sus hombros relajándose. —Está todo aquí. Todo intacto. —Miró a Polly con ojos que brillaban con más que solo el reflejo del sol de medianoche—. ¿Cómo pudiste...?

—Suerte adivinando la ruta —dijo Polly, acicalándose ligeramente—. Además, tengo excelente vista. Viene con el territorio.

El voluntario médico, que había estado observando este intercambio con creciente desconcierto, se aclaró la garganta. —Aún necesitará ser examinado antes de...

—Soy enfermera registrada —interrumpió Astrid, produciendo sus credenciales de su cinturón de running—. Jubilada, pero con licencia. Puedo monitorearlo los primeros kilómetros si te preocupa.

Mikkel ya estaba revisando su azúcar en sangre, la rutina familiar pareciendo calmarlo. —Está perfecto. Puedo correr. —Miró entre Astrid y Polly—. No sé cómo agradecerles.

—Corre tu carrera —dijo Astrid simplemente—. Eso es suficiente agradecimiento.

Mientras se apresuraban de vuelta a la línea de salida, ahora con solo minutos de sobra, Polly notó que algo había cambiado en el comportamiento de Astrid. La ansiedad tensa sobre su propia carrera se había aflojado, reemplazada por algo más cálido.

—Eso fue amable de tu parte —observó Polly, acomodándose de nuevo en su hombro.

—Los corredores se cuidan entre sí —respondió Astrid, pero había una suavidad en su voz que no había estado antes—. Además, poner la emergencia de otra persona en perspectiva tiene una forma curiosa de calmar tus propios nervios.

Sonó el disparo de salida, y la masa de corredores comenzó a moverse como un solo organismo, llevándolos hacia adelante en el día ártico infinito. Mientras cruzaban la alfombra de cronometraje, Polly captó la mirada de Mikkel en la multitud. Levantó la mano en un pequeño saludo antes de ser arrastrado por el río de corredores.

—Sabes —dijo Astrid mientras se acomodaban en su ritmo, el sol de medianoche proyectando sus sombras en direcciones imposibles—, empiezo a pensar que esta podría ser una carrera más interesante de lo que planeé.

Polly no pudo más que estar de acuerdo.

Now do it every day.

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