La Cocina
Polly spends a morning in the ship's galley with Esteban, the cook, learning how an expedition vessel feeds twenty-seven people for weeks at sea and what the pilot will eat at the bottom of the trench.
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Keep it on your phone →La cocina era el lugar más cálido del barco. Polly habĂa estado allĂ antes, observando desde los bordes, pero nunca en una mañana de trabajo. Hoy entrĂł con intenciĂłn.
El cocinero era un hombre pequeño y cuadrado con una voz tranquila y pulpos tatuados en sus antebrazos. Se llamaba Esteban. HabĂa cocinado en este barco durante nueve meses. Antes de eso, habĂa cocinado en un barco atunero. No parecĂa molestarle que Polly se sentara en su mostrador.
"No hay mercado aquĂ", dijo. "Conseguimos nuestros suministros en Guam. Comida fresca los primeros tres dĂas. Luego comida congelada. DespuĂ©s, latas."
Le mostrĂł la sala del congelador. Era del tamaño de una cabina telefĂłnica. Dentro: cerdo sellado al vacĂo, brĂłcoli congelado, bloques de mantequilla, un atĂşn entero con ojos vidriosos.
Más allá del congelador estaban los almacenes secos: arroz en grandes contenedores de plástico, lentejas, pasta, sacos de harina para el pan que hacĂa cada mañana.
La tripulaciĂłn era de veintisiete personas. Cada una trabajaba duro, dormĂa poco, tensa a su manera. Esteban decĂa que su trabajo no era solo alimentarlos. Era anclarlos.
"Tres comidas al dĂa, a la misma hora todos los dĂas, en cualquier clima", dijo. "Si todo lo demás es incierto, la comida es segura."
Polly lo observó trabajar. Estaba haciendo arroz con coco: arroz cocido en leche de coco. Primero tostó el arroz en la olla seca, hasta que los granos se volvieron de un color ámbar tenue. Luego vertió leche de coco y agua. Cubrió la olla y puso un temporizador para veinticinco minutos.
Luego mirĂł el temporizador por unos segundos, como si no confiara del todo en sĂ mismo para esperar.
"¿Y la inmersión profunda de mañana?", preguntó Polly. "¿Qué come el piloto en el fondo?"
Esteban sonrió. "Sándwich. Queso y jamón. Una manzana. Una botella de agua. Seis horas de ida y vuelta. Nada lujoso."
El temporizador del arroz seguĂa avanzando. Una sartĂ©n de aceite comenzĂł a calentarse para los huevos. El pan fresco que Esteban habĂa horneado a las cuatro de la mañana descansaba bajo un paño limpio en el alfĂ©izar de la ventana. NotĂł que Polly no habĂa desayunado. CortĂł una rodaja de mango y la puso a su lado. Ella la comiĂł. Él volviĂł al arroz.
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