El sol matutino brillaba sobre la Plaza del Casco Antiguo. Polly se posó en el reloj astronómico, observando las multitudes abajo. Los turistas habían regresado con sus cámaras, pero no sabían nada de los extraños eventos de anoche.
"Funciona perfectamente," dijo Václav mientras salía de la torre. Sus manos habían dejado de temblar, y se veía seguro otra vez. La mujer de negro había desaparecido al amanecer, dejando solo una tarjeta de presentación que Václav tiró a la basura.
"Algunas ofertas no valen nada," le había dicho a Polly.
Ahora bajo la luz matinal, Polly notó algo diferente en el reloj. El resplandor dorado de anoche seguía ahí, escondido en los detalles. Cada engranaje captaba la luz de manera extraña, y cada número parecía latir con viejos recuerdos.
"Tu abuelo estaría orgulloso," le dijo. "No solo reparaste el reloj - entendiste lo que protege."
Václav asintió pensativo. "Todos esos años, creí que solo reparaba una máquina. Pero en realidad estaba custodiando algo especial." Sonrió. "Creo que la misma Praga nos puso a prueba anoche. Esas calles cambiantes parecían diseñadas para retrasarnos."
"Para asegurarse de que realmente queríamos salvarlo," concordó Polly.
Niños escolares se reunieron abajo mientras su maestra explicaba las funciones del reloj. Un niño pequeño señaló a Polly emocionado, así que ella hizo un pequeño rizo en el aire que los hizo reír a todos.
"¿Te quedarás?" preguntó Václav de repente. "El reloj necesita un guardián que entienda su verdadera naturaleza."
Polly lo pensó. Siempre se mudaba a nuevas aventuras, pero Praga era especial. Era una ciudad donde pasado y presente bailaban juntos, donde los secretos se escondían por todas partes.
"Por un tiempo," dijo finalmente. "Alguien debería ayudarte a escribir lo que aprendimos."
Václav sonrió ampliamente. "Conozco un buen café donde podemos trabajar. Sirven excelentes semillas para huéspedes inusuales como tú."
Mientras caminaban hacia la plaza, Polly miró hacia atrás al Orloj. Sus manecillas se movían constantemente hacia adelante, marcando el tiempo mientras cargaban siglos de historia. El reloj le había enseñado que las aventuras más grandes no siempre trataban de encontrar nuevos secretos, sino de proteger los misterios que hacían el mundo mágico.