Mientras el sol descendía, proyectando largas sombras sobre la plaza, Polly se acercó al narrador. Su nombre era Adil, un maestro venerado de las tradiciones orales, famoso por su habilidad para dar vida a antiguas historias con solo palabras.
Las historias de Adil eran más que entretenimiento; eran portales al rico pasado de Marruecos, llenos de jinns, sultanes y héroes audaces. Polly, con su curiosidad inagotable, no pudo resistir la tentación de unirse a la conversación.
"¿Qué trae a un loro tan colorido como tú a Marrakech, pequeña?" preguntó Adil, con los ojos brillando de calidez.
"Viajo para aprender y ayudar", respondió Polly, con una voz que mezclaba emoción y sinceridad. "Tus historias son fascinantes. ¿Hay alguna en particular que tenga un lugar especial en tu corazón?"
Adil sonrió, asintiendo pensativamente. "Ah, sí. Hay un relato sobre el tesoro perdido del Sultán Malik. Se dice que está escondido en algún lugar del corazón de la Medina, esperando que un alma digna descubra sus secretos."
Intrigada, Polly escuchó atentamente, sintiendo que esta historia podría ser el comienzo de su propia aventura en Marrakech.