Mientras la noche envolvía la ciudad, Polly y sus compañeros se enfrentaban a la puerta implacable, su búsqueda aparentemente frustrada. Sin embargo, la naturaleza observadora de Polly no flaqueó. Notó una serie de pequeñas y desgastadas tallas a lo largo del marco de la puerta, cada una vinculada a un relato que había escuchado de Adil.
"Miren aquí", trinó Polly emocionada, señalando con su pico. "Estas historias hablan de una llave escondida donde la luz de la luna besa la tierra al anochecer".
Leila y Omar intercambiaron miradas, comprendiendo al fin. Era un acertijo, uno que apuntaba a un lugar específico dentro de la ciudad donde la luz de la luna iluminaría una llave oculta.
Apresuradamente, deshicieron sus pasos, guiados por la intuición de Polly. Al llegar a un patio apartado, la luz de la luna reveló una pequeña hendidura en la mampostería. Leila metió la mano, sacando una llave oxidada y antigua.
Con el aliento contenido, regresaron a la puerta. La llave giró suavemente, y lentamente, la puerta se abrió con un chirrido, revelando una cámara oculta llena de artefactos: tapices, pergaminos y, en el centro, el legendario tesoro del Sultán Malik.