Polly y Fatima salieron del patio escondido. El sol se estaba poniendo en Marrakech. Largas sombras cubrían los adoquines. Fatima sostenía el extraño mapa y pensaba en su hallazgo. "Es increíble que este lugar esté aquí", dijo asombrada. Polly, sentada en su hombro, estuvo de acuerdo. "Sí, pero tal vez haya más por descubrir", dijo, curiosa. Regresaron por las calles del mercado. El mapa volvió a captar su atención. El símbolo de la media luna y la rama de olivo brillaba en la tenue luz. Parecía llamarlas hacia adelante. Estaban tan pensativas que casi no escucharon un sonido. Venía de un callejón cercano. Interesadas, giraron y vieron un camino estrecho. Estaba entre dos edificios antiguos. Fatima se detuvo y miró a Polly. "¿Deberíamos seguir adelante?", preguntó, sintiéndose insegura y emocionada. Polly, siempre lista para la aventura, dijo: "Veamos a dónde lleva. Puede haber secretos." Entraron en el oscuro callejón. Las paredes se sentían cercanas a su alrededor. Al final, encontraron una pequeña puerta. Tenía el mismo símbolo en ella. Al acercarse, la puerta se abrió sola. Apareció un niño joven. Las miró con ojos grandes y curiosos. "Hola," dijo en árabe, luego en inglés. "¿Buscan el mercado secreto? Solo las personas con el mapa pueden entrar." Sonrió como si supiera un secreto divertido. Fatima miró a Polly, sintiéndose emocionada de nuevo. "Sí, tenemos el mapa," dijo, mostrándoselo. "Entonces síganme," dijo el niño, haciéndoles señas para que entraran. Pasaron por la puerta. Había un mercado escondido, lleno de vida. Había cosas raras y colores brillantes por todas partes. Era un lugar especial alejado del bullicio de la ciudad. El aire olía a especias y la gente hablaba en voz alta. Polly y Fatima estaban asombradas por lo que encontraron. El mapa no era solo para el patio. Era una llave a las maravillas ocultas de la ciudad. Mientras exploraban, sabían que su aventura no había terminado. Marrakech tenía más secretos, como un narrador con muchas historias.