La luna brillaba sobre París. Polly e Isabelle comenzaron su búsqueda. Querían encontrar el cuadro perdido de Monsieur Dupont. Su camino las llevó al Pont des Arts. Este puente es para que la gente camine. Durante el día, lo visitan artistas y enamorados. Pero ahora, estaba tranquilo bajo las estrellas. Con cada paso, se sentían más decididas. Un joven les había dado una pista. Habló de un hombre vestido de negro. El cabello rojo de Isabelle brillaba a la luz de la luna. Se movía con una fuerza silenciosa. Polly estaba sentada en su hombro. Miraba alrededor con ojos agudos. El puente tenía candados de amor y farolas. Parecía esperar mientras caminaban. No sabían que no estaban solas. De repente, una sombra se movió frente a ellas. Las plumas de Polly se erizaron de emoción. El hombre de negro intentaba escapar. Polly voló rápidamente para detenerlo. Sus alas brillaban contra la noche. El hombre se detuvo, sorprendido. Isabelle lo alcanzó. Habló con calma pero con firmeza. "Señor, creo que tiene algo que no es suyo." El hombre estaba confundido. Miró a Polly e Isabelle. Polly habló de manera ingeniosa. Usó palabras que escuchó en los cafés de París. "El cuadro, por favor," dijo en francés. Su voz era encantadora. El hombre se sorprendió por su petición. Lentamente, puso el cuadro en el suelo. Isabelle vio que no era una mala persona. Tal vez solo estaba desesperado. "No todo está perdido," dijo amablemente. "Devuelve el cuadro y podemos ayudar." El hombre parecía aliviado. Asintió, entendiendo su error. Isabelle y Polly tomaron el cuadro. Vieron al hombre alejarse. Desapareció en las sombras. Aprendieron una lección de amabilidad. Regresaron al estudio de Monsieur Dupont. París parecía feliz por ellas. Las luces de la ciudad brillaban como ojos. Polly se sentía orgullosa. Había resuelto un misterio. También mostró el poder de la amabilidad y las palabras.