En Wimbledon, en 2010, dos jugadores entraron en la cancha 18 para un partido de primera ronda. Nadie esperaba nada especial. John Isner era estadounidense, alto, con un saque potente. Nicolas Mahut era francés, con un ranking más bajo, y no famoso fuera del tenis. Su partido estaba programado para una sola tarde.
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No terminó esa tarde. Tampoco terminó al día siguiente.
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Los dos jugadores comenzaron su partido el martes 22 de junio. Ninguno de los dos podía romper el saque del otro. Jugaron tres sets, después cuatro. Al anochecer, con el marcador igualado a dos sets, el árbitro detuvo el partido por la falta de luz. Tendrían que terminarlo mañana.
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El miércoles, volvieron. Jugaron el quinto set, que no tiene tie-break en Wimbledon. Tendrían que ganarlo por dos juegos de diferencia. El marcador subía: 10-10, 20-20, 30-30. Mahut mantenía su saque. Isner mantenía el suyo. Al final llegaron a 59-59. El público observaba en silencio, casi avergonzado. El partido tuvo que detenerse otra vez. La luz, de nuevo.
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Read it. Then say it.
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El jueves, después de más de diez horas en la cancha, John Isner finalmente rompió el saque de su agotado rival. El marcador final del quinto set fue 70-68. El partido completo duró 11 horas y 5 minutos. Mahut hizo 103 aces y aun así perdió.
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Cuando terminó, ninguno de los dos pudo hablar bien con las cámaras. A ambos les dieron pequeñas medallas para recordar lo que había pasado. A la cancha le añadieron una pequeña placa. Años después, sigue siendo el partido de tenis más largo jamás jugado, y casi todos en el tenis creen que nunca será superado.