Todos los domingos, desde que tenía memoria, el abuelo de Inés hacía paella. No de la que comen los turistas en los restaurantes baratos junto a la playa, sino la lenta, con huesos, azafrán y conejo si era un buen día. La hacía en el patio sobre un fuego de leña que él mismo encendía, incluso ahora que tenía ochenta y tres años.
🔊 Listen to this paragraph Hide audio
Este domingo Inés había vuelto a casa desde Madrid para verlo. Estaba más delgado que la última vez. Se movía con más cuidado. Pero cuando ella entró en el patio, él ya estaba agachado junto al fuego, ajustando los troncos con una larga vara de hierro.
🔊 Listen to this paragraph Hide audio
—Llegas tarde —dijo, sin darse la vuelta. Siempre decía lo mismo, incluso cuando ella llegaba pronto.
🔊 Listen to this paragraph Hide audio
Ella se arrodilló a su lado y miró la sartén. El arroz empezaba justo a absorber el caldo. La cocina detrás de ellos olía a ajo y romero. Su abuela estaba dentro, en alguna parte, dando golpes con los platos sobre la mesa.
🔊 Listen to this paragraph Hide audio
Read it. Then say it.
Shadow this paragraph in the PollyStop app — record yourself, see how close your pronunciation gets to a native speaker's, sentence by sentence. Free.
Él señaló la sartén con la vara. —Tú vigila esto. No lo remuevas. La gente que remueve la paella no entiende la paella.
🔊 Listen to this paragraph Hide audio
Inés no se movió durante treinta minutos. Vio cómo el arroz cambiaba de color, vio cómo el fondo de la sartén se agarraba y se doraba, vio cómo su abuelo la veía a ella. Cuando por fin retiró la sartén del fuego, él asintió una vez. No le hizo falta que dijera nada más.